Asteroides

LA AMENAZA LLEGA DEL ESPACIO.
Cada año caen sobre la Tierra decenas de miles de meteoritos. La mayoría de ellos son muy pequeños, del tamaño de una piedra, y acaban desintegrándose en la atmósfera. Pero de vez en cuando se puede producir un impacto con un asteroide de dimensiones más preocupantes, incluso de algunos kilómetros de longitud. Cuando esto sucede se producen grandes explosiones que dejan cráteres enormes. El ejemplo más famoso contribuyó a la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años. Actualmente, sin embargo, no estamos fuera de peligro. Precisamente, se ha detectado un gran asteroide que se nos acerca…

¿Asteroides o meteoritos?

¿Cúal es la diferencia?

Los asteroides son cuerpos rocosos que vagan por el espacio, en general, orbitando alrededor de alguna estrella o planeta. Son demasiado pequeños como para tener la forma esférica característica de los planetas, la cual se debe a la propia fuerza de la gravedad. Los más grandes miden unos 900 km de diámetro y los más pequeños no tienen ni el tamaño de una piedra (estos últimos reciben el nombre de meteoroides).

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Asteroide Ida.

Cuando los asteroides (sobre todo los pequeños, los meteoroides) se cruzan en la órbita de un planeta, pueden impactar con él. Seguro que has visto alguno entrando en la Tierra: cuando se adentran en la atmósfera a gran velocidad, la fricción con el aire provoca que se calienten y entren en ignición, dejando un rastro brillante y efímero en el cielo nocturno. Son las estrellas fugaces.

Normalmente, la fricción con la atmósfera hace que se desintegren completamente antes de que lleguen al suelo. Pero si una parte consigue llegar, entonces este fragmento rocoso recibe el nombre de meteorito.

Lo que llamamos estrellas fugaces son en realidad meteoroides que se adentran en nuestra atmósfera y se queman. Si una parte de ellos consigue llegar a tierra, recibe el nombre de meteorito.

(izquierda) Fragmento del meteorito Gibeon de 4,5 kg y 19 cm de anchura. Encontrado en Australia en 1991. (derecha) Fragmento del asteroide Vesta que cayó en España en mayo de 2007.

¿Dónde están los asteroides?

Entre Marte y Júpiter existe un cinturón lleno de asteroides que orbitan alrededor del Sol. Allí se sitúan la mayor parte de los asteroides del Sistema Solar. Hay millones de ellos —muchos miden más de 1 km de diámetro— pero, si sumamos las masas de todos, no llegan al 6% de la masa de la Luna. Su órbita es estable alrededor del Sol, pero algunos son desviados y se cruzan con las trayectorias de los planetas. Se piensa que este cinturón de asteroides es resultado de la imponente fuerza gravitatoria de Júpiter, que no permitió que estos fragmentos de roca se aglomeraran durante las primeras etapas del Sistema Solar para formar otro planeta.

Aparte del cinturón, también encontramos asteroides orbitando alrededor de algún planeta. A estos asteroides los llamamos troyanos. Júpiter es el planeta que más tiene, pues su fuerza gravitatoria es enorme. También existen los asteroides centauros, que orbitan alrededor del Sol, pero más allá del cinturón, entre los planetas gigantes.Finalmente, son especialmente interesantes para nosotros los asteroides NEO (asteroides cercanos a la Tierra). Sus órbitas se intersecan con la órbita de nuestro planeta, por lo que son vigilados de cerca…

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Cicatrices planetarias

El cráter Barringer, en Arizona (EEUU), mide 1.200 m de diámetro y se produjo por la caída de un meteorito bastante grande hace 20.000 años. Es de los pocos cráteres originados por meteoritos que quedan en la Tierra, pues la erosión se encarga de borrarlos. En la Luna, en cambio, donde no hay erosión, podemos ver miles de cráteres.

Cuando un asteroide impacta con un planeta, dependiendo de sus dimensiones, composición y trayectoria, provocará una explosión más o menos grande que dejará un cráter como testigo. Un objeto de unas pocas decenas de metros de diámetro puede provocar una explosión mucho mayor que una bomba atómica.

Actualmente caen en la Tierra decenas de miles de meteoritos cada año. Pero esto no es un hecho extraordinario. Poco después de formarse el Sistema Solar, los impactos con asteroides relativamente grandes y pequeños eran mucho más frecuentes en la Tierra y en otros planetas. ¡El bombardeo era intenso y continuo! Los cráteres de la superficie de la Luna lo atestiguan. Pero ¿por qué no encontramos cráteres de aquella época en la superficie de nuestro planeta? ¿Por qué la Tierra no presenta el aspecto de un queso de Gruyère como la Luna? Sencillo: en la Tierra se produce un fenómeno que en nuestro satélite es casi inexistente, la erosión. Este es un proceso de desgaste provocado por el aire, el agua y los seres vivos, capaz de borrar todas las «heridas» geológicas de la superficie terrestre. Para que te hagas una idea, la erosión podría convertir los Pirineos en una llanura dentro de unos cientos de millones de años.

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(izquierda) El embalse de Manicouagan, en el Quebec, formado hace 212 millones de años cuando un gran meteorito cayó en la Tierra. (derecha) En Kaali, República de Estonia, existen nueve cráteres formados por el impacto de un mismo meteorito que se dividió en varios fragmentos antes de llegar a la superficie. Esta es una de las marcas que dejó y hoy en día aún se está estudiando. Los científicos calculan que el impacto con la Tierra fue hace más de 9.000 años.

Impactos con la Tierra 

En las primeras etapas de la Tierra, la lluvia de asteroides era muy intensa. Por suerte, la frecuencia de las colisiones se redujo y esto permitió la aparición de la vida. Se calcula que el último gran impacto, capaz de hacer hervir y evaporar el agua de los océanos, se produjo hace unos 4.000 millones de años. Por lo tanto, hace unos 4.000 millones de años que el agua se ha mantenido en estado líquido, condición necesaria para la aparición y el mantenimiento de la vida tal como la conocemos. Los impactos, sin embargo, se siguieron produciendo.

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El más famoso, evidentemente, fue el que contribuyó a la extinción de los dinosaurios, que cayó cerca del actual México hace 65 millones de años. La explosión producida fue más potente que decenas de bombas termonucleares juntas y levantó enormes cantidades de polvo y vapor que oscurecieron la atmósfera durante muchos años.

Sin embargo, este impacto no fue ni mucho menos el último. Asteroides más pequeños han seguido cayendo con cierta continuidad, y los astrónomos vigilan con cautela el cielo y calculan las trayectorias de los objetos más cercanos. De hecho, se ha detectado un asteroide de tamaño considerable que se acerca peligrosamente: en 2029 lo tendremos justo encima… ¡Y no es ciencia ficción!

Se cree que la Luna se formó cuando un gran asteroide chocó con la Tierra y le arrancó un pedazo, que quedó orbitando a su alrededor.

El misterioso caso de Tunguska

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Imagen del destrozo provocado por la explosión de un meteorito en la región de Tunguska.

El 30 de junio de 1908, a las 7:17 de la mañana, una gran explosión iluminó el cielo de Tunguska, una región de la estepa siberiana (Rusia). Incendió y tumbó árboles en un área de más de 2.000 km2, rompió vidrios y tiró al suelo a personas y caballos que se encontraban a 400 km de distancia, e incluso obligó al conductor del ferrocarril Transiberiano a detenerse, por miedo a descarrilar.

La energía liberada fue equivalente a unos 10 o 15 megatones (la bomba de Hiroshima era de 0,015 megatones). Pero, misteriosamente, no había rastro de ningún cráter. La explicación más aceptada actualmente por la comunidad científica es que la explosión se produjo antes de llegar al suelo, a unos 8 kilómetros sobre la superficie. Se trataría de un meteorito de unos 80 metros de diámetro, rico en hielo, probablemente el fragmento de un cometa. Desde entonces se han descrito otros casos similares.

Un asteroide se dirige a la Tierra

Actualmente hay 4.000 objetos que vagan por el espacio catalogados como NEO, es decir, near earth objects u objetos cercanos a la Tierra. Cuando uno de estos cuerpos se acerca a menos de 0,05 unidades astronómicas (7 millones y medio de kilómetros) entonces se clasifica como PHA, siglas que traducidas del inglés significan ‘asteroide potencialmente peligroso’. Y ciertamente son peligrosos. Si uno de estos llegara a chocar con la Tierra, las consecuencias para nuestra civilización podrían ser trágicas. Actualmente, no son menos de 800 los objetos registrados con esta categoría, y hay uno que resulta especialmente preocupante. Su nombre: Apophis.

 

Según los cálculos realizados por los astrónomos, Apophis es un asteroide de grandes dimensiones que llegará a la Tierra hacia el año 2029 y, aunque no chocará de lleno con nuestro planeta, pasará lo suficientemente cerca para producir grandes catástrofes. La alarma es tal que ya se han puesto en marcha una serie de proyectos para desviarlo. Uno de los proyectos presentados corre a cargo de un equipo de investigadores españoles: el Quijote.

En realidad, calcular la trayectoria de un asteroide es todavía algo muy difícil de conseguir con precisión. Los científicos creen que probablemente Apophis no represente ningún riesgo real pero, sabiendo que cada 40.000 años se produce un impacto con un asteroide de proporciones notables, no está de más empezar a prepararse en caso de que sea necesario hacer frente a una amenaza similar.

¿Asteroides o planetas?

Existen otros cuerpos rocosos que no son lo suficientemente grandes para considerarse planetas, ni lo suficientemente pequeños para etiquetarlos como asteroides. El más famoso, debido a que antes era considerado un planeta más —aunque más pequeño que nuestra Luna— es Plutón, situado en las afueras del Sistema Solar. Para solucionar esta disyuntiva, los astrónomos crearon un nuevo estatus: el de planeta enano. Desde agosto de 2006, Plutón pasó a ser considerado un planeta enano, junto a Ceres y Eris, que por su parte eran considerados previamente asteroides.

(izquierda) Plutón (planeta enano). (derecha) Eris (planeta enano).

(izquierda) Plutón (planeta enano). (derecha) Eris (planeta enano).

¿La vida llegó montada en meteoritos?

¿Es posible que todos nosotros seamos extraterrestres? La panspermia es una teoría científica que sostiene que la vida podría haber aparecido en la Tierra transportada en meteoritos. Aunque esta teoría tiene muy pocos seguidores, su viabilidad ha recibido una confirmación gracias a un experimento en el que ha participado Jacek Wierzchos, químico de la Universidad de Lleida.

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Imagen de los 43 aparatos científicos y tecnológicos que contiene la cápsula Photon M3.

Una muestra de líquenes y microorganismos fue lanzada al espacio en la nave Photon M3, que despegó en septiembre desde Baikonur (Kazajistán). Después de dos semanas en el espacio, muchos de los organismos han vuelto a la Tierra vivos y en buenas condiciones. «Si hay organismos capaces de sobrevivir a un viaje espacial, no se puede excluir que la vida haya llegado a la Tierra desde el espacio», explica Wierzchos, que ha ideado y realizado el experimento con Carmen Ascaso y Asunción de los Ríos, del Instituto de Recursos Naturales (IRN-CSIC, Madrid), Leopoldo García Sancho, de la Universidad Complutense de Madrid, y Rosa de la Torre, del Instituto Nacional de Técnicas Aeroespaciales (INTA).

Quizás la vida no llegó como tal viajando en el interior de meteoritos, pero lo cierto es que una gran cantidad de materia orgánica —el tipo de materia que compone los seres vivos— ha llegado y continúa llegando en el interior de meteoritos desde que se formó la Tierra.

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